Ser Mujer, vivir, amar, sostener y transitar el dolor

Ser Mujer, vivir, amar, sostener y transitar el dolor

El valor de tu historia. El significado de Ser Mujer.

Marzo suele venir cargado de consignas, discursos y celebraciones sobre lo que significa ser mujer. Yo, cada año, vuelvo a una pregunta: ¿qué significa para mí?

Ser mujer, para mí, no es una consigna a desarrollar ni una etiqueta que me explique o le de sentido a mis días. Es un camino que elegí andar.

Nada de lo que hice hasta acá me define del todo. Y, sin embargo, todo eso me atraviesa. Las decisiones acertadas y las que no lo fueron tanto. Los trabajos, los vínculos, las búsquedas, las pérdidas. Todo eso fue armando una trama que poco entendía mientras la estaba viviendo.

Ahora, con el diario del lunes puedo ver que aprendí —no sin resistencia— a escuchar mi propia voz en medio del ruido y de las opiniones. No fueron aprendizajes inmediatos. Durante mucho tiempo confundí la voz interna con las expectativas de otros, a veces todavía me confundo.

Desde que recuerdo, le tuve miedo a la soledad. Ese miedo también tenía su sabiduría escondida como todos los miedos. La soledad es, muchas veces, el único lugar donde puedo escuchar con claridad lo que realmente me está pasando. ¡Por eso la resistencia tenaz del ego, que siempre intenta distraernos de ese encuentro!

Alguna vez escuché una frase que me encanta: “El miedo a la cosa, atrae la cosa para que le pierdas el miedo a la cosa.”

Esas experiencias que más temía fueron justamente las que me permitieron crecer, mirar de frente lo que evitaba y descubrir mis superpoderes.

La vida, a esta altura, la siento como una mezcla de conciencia y biología. No es solo una idea espiritual ni solo un proceso fisiológico. Es ambas cosas al mismo tiempo: respiración, tiempo no lineal y una serie de decisiones pequeñas que, casi sin darnos cuenta, van armando una narrativa, una historia, una huella.

En esa historia también están las mujeres que vinieron antes.

Honro profundamente las huellas de mi mamá y de mis abuelas. Sus formas de vivir, de amar, de sostener, también de transitar el dolor. Ellas hicieron lo mejor que pudieron en el mundo que les tocó, y gracias a eso yo puedo hacer hoy algo distinto con el mío.

Agradecer haber aprendido —aunque todavía esté en proceso— a escuchar mi cuerpo y mi voz.

Y ojalá también mis hijas puedan escuchar la suya. Para mí, eso ya es bastante revolución.