Hoy no tengo ganas de nada

Hoy no tengo ganas de nada

Hay días en los que no tengo ganas de nada. No quiero descansar “bien”, ni aprovechar el tiempo, ni ordenar la vida. Nada.

En esos momentos, lo primero que aparece —casi automático— es la idea de que algo anda mal, que me estoy quedando, que estoy perdiendo el ritmo, que debería salir de ahí lo antes posible.

Después aparece la tentación de entrar a las redes y leo listas de síntomas: apatía, falta de motivación, desinterés. Sí, podría encajar con lo que estoy sintiendo. Entonces la cosa cambia, porque ya no es solo lo que me pasa, es lo que creo que eso significa.

Y ahí es donde empiezo a desconfiar un poco de mi propio criterio, porque no es la información con la que me encuentro, sino la velocidad con que uso esa información para explicar, justificar, darle un marco intelectual y racional a lo que está sucediendo-me.

A veces podemos sentirnos de manera parecida a alguna descripción patológica, sin embargo, no todo lo que se parece es lo mismo. No es lo mismo estar agotada, que estar deprimida y no es lo mismo necesitar frenar que no poder salir del estado actual.

Pero desde afuera —y a veces desde adentro— se confunden los tantos. ¡Yo me confundí muchas veces!

Me exigí salir rápido de estados que en realidad necesitaban tiempo.
Me etiqueté como “bajoneada”, cuando lo que necesitaba era escucharme un poco más, prestarme atención. Intenté además “mejorar” cuando en el fondo estaba saturada de información y estímulos.

Y el cuerpo, esta maravillosa nave … el cuerpo tiene sus mecanismos, sus límites y sus potencialidades…aunque queramos apurarlo, se toma su tiempo

Cuando está pasado de rosca, el cuerpo baja los cambios. Cuando no puede más, apaga funciones que considera “no vitales”. No lo hace de manera consciente, o respondiendo a alguna teoría científica. Lo hace como puede en ese momento, con lo que tiene, con lo que sabe, con lo que siente.

El tema no es lo que hace el cuerpo, sino lo que yo tiendo a hacer: ¿empujo, resisto, corrijo, presiono o me quedo a ver qué pasa si no hago nada?

Hay un “no tengo ganas” que me desconecta cada vez más. Y hay otro que, aunque incómodo, tiene algo de descanso real, de respuesta reguladora.

Hay momentos en los que “no quiero hacer nada” porque estoy evitando alguna dosis de realidad, y otros en los que “no puedo hacer nada” porque se agotó mi energía de tanto dar.

Para saber de qué se trata este “síntoma”, necesito darle su tiempo, porque de otra manera nunca lo voy a saber.

No son preguntas para responder con la cabeza, sino para quedarse un rato sintiendo el cuerpo, aunque sea incómodo el asunto.