La automotivación, una de las 5 habilidades básicas de la inteligencia emocional

La automotivación, una de las 5 habilidades básicas de la inteligencia emocional

Según Daniel Goleman autor del libro Inteligencia emocional, existen 5 habilidades básicas que una persona con desarrollo de su inteligencia emocional ha adquirido, una de ellas es la automotivación.

La motivación es un proceso mediante el cual una persona se mantiene enfocada en la consecución de una meta. Ese enfoque se refleja en pensamientos, emociones y acciones coherentes con la consecución del objetivo.

Aquí resulta de vital importancia que tengamos objetivos claros, simples y a corto plazo y a medida que avancemos objetivo a objetivo vayamos alcanzando la meta mayor que tiene que ver con una existencia consciente, la plenitud e incluso la felicidad.

El error que cometemos muchas veces es plantearnos objetivos fundados en un exceso de expectativa, donde la frustración y la sensación de fracaso nos pueden jugar en contra si no lo alcanzamos a conseguir objetivos en un corto plazo.

Para trazar un plan de acción, un proyecto de vida es importantísimo ir poniéndonos desafíos pequeños a corto plazo, metas que, si no son alcanzadas, no nos derrumba nuestros planes mayores.

En todas las etapas de nuestra vida es importante la automotivación y es un recurso fundamental para la valoración personal ya que implica el autoconocimiento y la gestión de las emociones en pos de una meta.

Los objetivos son tan personales como las experiencias de vida y no rendirse ante las adversidades, sobreponerse al fracaso y volver a intentar cambiando la estrategia, pero sin modificar el objetivo es lo que nos permitirá desarrollar y fortalecer nuestra inteligencia emocional, que como bien nos dice Goleman es la clave del éxito en la vida y no como se venía pensando que la clave del éxito era la inteligencia cognitiva: 70/30 como me gusta decirlo a mí.

Muchas veces pensamos que la motivación surge de manera espontánea, como una chispa que aparece para impulsarnos hacia nuestras metas. Sin embargo, mi experiencia me demuestra que la automotivación no siempre nace de la inspiración en un momento, sino que puede cultivarse conscientemente a través de la disciplina, la voluntad y la constancia.

La disciplina nos permite ordenar nuestras acciones y darle estructura a nuestra vida. Cuando establecemos rutinas claras y hábitos saludables, generamos un terreno fértil donde la motivación puede crecer. La disciplina no debe entenderse como una cosa rígida y dura, sino como una forma de autocuidado: un recordatorio de que lo que hacemos hoy, incluso en pequeñas dosis, se convierte en los cimientos de nuestro mañana.

La voluntad, por su parte, es esa energía interna que nos permite sostenernos frente a las dificultades, a veces forma parte de nuestra estructura psíquica y otras veces hay que hacer un trabajito extra para conseguir ser una persona voluntariosa. Ejercitar la voluntad implica aprender a elegir lo que sabemos que es mejor para nosotros, aunque en el momento cueste más esfuerzo. Es decir, dejar de lado lo inmediato en pos de lo que realmente queremos alcanzar. Cada vez que fortalecemos la voluntad, ampliamos la confianza en nuestra capacidad de dirigir nuestra vida. La energía se va retroalimentando con la voluntad

La constancia, finalmente, es el puente entre el deseo y el logro. de lo deseado, Es fácil entusiasmarse al inicio de un proyecto, pero solo la constancia permite sostenerlo en el tiempo.  Avanzar un poco cada día, incluso cuando no haya ganas, nos ayuda a comprobar que el progreso se construye paso a paso. Esta perseverancia genera un círculo virtuoso: al ver resultados, por pequeños que sean, sentimos una motivación renovada para continuar.

Cuando disciplina, voluntad y constancia se entrelazan, la automotivación deja de depender de factores externos. Ya no necesitamos esperar la circunstancia perfecta ni la inspiración mágica. Descubrimos que dentro de nosotros existe un motor capaz de impulsarnos de manera sostenida y consciente

Este camino no está exento de desafíos, pero cada esfuerzo consciente nos acerca a nuestra mejor versión. Cultivar la automotivación a través de la práctica diaria es, en definitiva, un acto de amor propio, una manera de recordarnos que somos capaces de crear la vida que anhelamos.

El mayor enemigo de la auto motivación es el exceso de expectativas, pero eso será materia de otro posteo.