Como acompañar a alumnos de Yoga con herida de abandono

Como acompañar a alumnos de Yoga con herida de abandono

En su libro Las 5 heridas de la infancia que nos impiden ser uno mismo, Lise Bourbeau nos dice que la herida del Abandono es aquella que más perdura a lo largo d la vida.

La persona que ha sufrido esta herida se oculta tras la máscara del Dependiente. Esta máscara le va llevando a vivir una y otra vez la misma sensación de abandono con el objetivo de finalmente sanarse esa herida.

Para la autora la persona a lo largo de su vida va atrayendo situaciones y personas de tipo abandónicas.

El abandono no solo se refiere a una ausencia física, sino que también puede significar la carencia de autenticidad emocional, desinterés, apatía, frialdad.

Ese niño que ha interpretado una situación como abandono padece luego ese sufrimiento en su vida cotidiana, teme por sobre todas las cosas a la soledad, su amor propio depende de la aceptación y aprobación de los demás, generalmente del sexo opuesto.

El hecho de sufrir abandono en la infancia es determinante para el futuro adolescente y adulto.

Este hecho condiciona sus relaciones interpersonales y socava su valoración personal, ya que el individuo siente erróneamente que no merece ser elegido y vive permanentemente queriendo agradar y desestimando las necesidades propias. El adulto que no ha sanado todavía esa herida de la infancia tiene episodios de tristeza profunda que no logra descifrar la causa, ya que ésta es inconsciente. Las huellas de esta herida deben gestionarse adecuadamente, con paciencia, voluntad y una profunda aceptación de lo sucedido, liberando el resentimiento y finalmente pudiendo sinceramente perdonar.

En el espacio de una clase de Yoga, es fundamental que los profesores e instructores reconozcan esta sensibilidad particular para acompañar a sus alumnos con respeto y conciencia.

El primer aspecto a considerar es la seguridad emocional. Un alumno con herida de abandono necesita sentir que el espacio es seguro y que el profesor está disponible, sin juicios.

No se trata de generar dependencia, sino de transmitir contención con gestos simples: una bienvenida cálida, un reconocimiento a su presencia y la certeza de que puede practicar a su propio ritmo.

La comunicación clara y empática también es esencial. Instrucciones confusas o un tono demasiado rígido pueden activar viejas memorias de sentirse perdido o rechazado. Usar un lenguaje amable, con explicaciones sencillas y ofreciendo opciones, ayuda a que el alumno se sienta acompañado y no presionado.

En cuanto al trato corporal, es importante pedir permiso antes de realizar ajustes físicos. Quienes cargan con esta herida pueden ser especialmente sensibles al contacto inesperado. Respetar su espacio personal y validar su consentimiento refuerza la confianza y la autonomía.

El profesor puede fomentar la autonomía progresiva, recordando que el yoga es una práctica personal. Alentar a los alumnos a escuchar sus sensaciones, elegir variantes de posturas y respetar sus límites los conecta con el poder de sostenerse por sí mismos.

Finalmente, es importante que el profesor mantenga una presencia coherente y constante. La puntualidad, la continuidad de las clases y la actitud equilibrada del guía ofrecen un modelo reparador frente al miedo al abandono.

  • “Tómate tu tiempo, no hay prisa.”

  • “Lo que haces ahora es suficiente.”

  • “Tu respiración es tu ancla, siempre está contigo.”

  • “Aquí tienes un espacio seguro para escuchar tu propio ritmo.”

  • “No necesitas hacerlo perfecto, solo necesitas estar presente.”